CANTARES PARA EL RABEL

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LETRA:

Yo se lo pedí a mi novia,
y mi novia se enfadó;
que me lo pida a mí
a ver si me enfado yo.

Ahora sí que estamos bien,
tú preñada y yo en la cárcel;
tú no tienes quien te meta,
yo no tengo quien me saque.

Dices que tienes,
qué coño vas a tener,
tienes el horno caliente,
no tienes pan que meter

Una proba y un probe
se subieron a un pajar
y la proba dijo al probe:
proba, si quieres probar.

Este rabel pide vino
y las cuerdas aguardiente
y el mocito que lo toca
muchachas de quince a veinte.

De escribiente estuve yo,
no me pagaban soldada
porque mojaba la pluma
en el tintero del ama.

El campanu de la burra
de mi güelu quisté in gloria
lo jorrico tós los días
pa tenelo en la mimoria

Todo el mundo me lo dice,
yo también lo considero,
quel que no tiene cabeza
no necesita sombrero.

Los amores que tu tienes,
primero los tuve yo,
me alegro que te diviertas
con lo que a mí me sobró.

En pescar un solterón
no pierdas el tiempo, Consuelo,
que es pez que revuelve el agua
pero no traga el anzuelo.

Un soltero es siempre joven,
un casado es siempre viejo:
luego es claro que casarse
es suicidio manifiesto.

En Madrid tengo una casa
y en Santander una huerta,
en San Pedro los amores
y el La Vega la firmeza.

Todos quieren a la rubia,
la rubia no quiere a nadie;
la rubia se va a quedar
como la luna en la calle.

Tienen envidia a la novia
estas mozas de Lombraña,
si no tienen quien las quiera
que se arrasquen la castaña.

Del hombre hizo la mujer
la cosa no tiene duda.
Que si el hombre tuvo papo,
la mujer salió papuda.

Madre mía, cáseme
que me pica el chiribí.
-Si te pica, arráscale
que también me pica a mí.

La puñetera mi suegra
dice que yo no trabajo;
que se lo pregunte a la hija
cuando la tengo debajo.

Una me dijo que sí;
otra me dijo que no;
la del sí, quería ella;
la del no, quería yo.

Encima del campanario
hay un nido de jilgueros
pero ha dicho el señor cura
que no le toquen los huevos.

Tanto cura, tanto obispo.
Tanta monja y tanto fraile.
Tanta mujer sin marido
y tantos hijos sin padre.

Una vieja y un viejo
se subieron a un pajar
sin acabar de subir
se tuvieron que bajar.

Yo serví un año en Asturias,
en casa una mondonguera.
De comer dábame poco,
mondongo, lo que quisiera.

La mujer que no come
con el marido.
Lo mejor del puchero
se lo han comido.

El pastorcillo, madre,
pues que no viene,
algo tiene en el monte
que le entretiene.

Tan pronto vas para alante,
tan pronto vas para atrás,
si no te estás quieta,
no te casarás jamás.

El primer novio que tuve
lo metí en una maleta;
le mandé a casa de empeños
y me valió una peseta.