LAS PALAS DE SANTANDER




Las Palas:

Este juego autóctono de Santander cuenta con muchos practicantes en Cantabria.
Consiste en formar grupos de al menos dos personas y hasta un número que no suele pasar de cinco, y mantener en el aire el mayor tiempo posible una pelota golpeandola con una pala de madera y sin que caiga al suelo.
Entre los participantes, al menos uno desempeñar el papel de "parador" o "pared", siendo el resto "pegadores"también llamados en algunos sitios "tiradores".
El "parador", de espaldas a la pared escogida por los jugadores para resguardarse del viento e impedir que las bolas perdidas se alejen demasiado, tiene que devolver las bolas a los "pegadores" colocándoselas en los puntos que más les convenga a estos y en un orden que se trata de mantener para que todos
jueguen por igual.
Los "pegadores" tienen que golpear la bola con fuerza hacia el "parador" y dirigiéndola de modo que le sea fácil devolverla.
En el caso de que haya más de un "parador", éstos se alternarán para devolver la bola, si la dirección que lleva lo permite.
Cuando sólo juegan dos personas se habla de partida "mano a mano".
La distancia a la que se colocan "tiradores" y "pared" es arbitraria, pudiendo variar según la destreza y costumbres.
La duración de las partidas es indefinida  y el juego habitualmente termina con el "cole", que es baño o chapuzón en la mar independientemente de la época del año y de las condiciones meteorológicas.
Nadie gana a nadie y lo único que se pretende es que se consiga la máxima duración en las partidas sin tener que agacharse a coger la pelota.








 
El tamaño de las palas varía en función del gusto de cada jugador, pero la medida más frecuente es de unos 50 cm. de largo por 23 de ancho y el mango de unos 17 cm. El grosor es aproximadamente 1,5 cm. y el peso oscila entre los 550 y 750 gramos.

El juego lo ideó  Mariano Pérez hacia 1928 en la playa de la Magdalena, junto al Club de Tenis de Santander, que "cedía" las bolas que caían en la playa o eran vendidas por los recogepelotas  a peseta.
Jugaban a un improvisado tenis en una pista dibujada en la arena húmeda.
Como el cordaje de las raquetas no aguantaba se decidió sustituir la raqueta por una pala de madera que funcionó al cuarto prototipo.
Más adelante se abandonó la arena húmeda y, perdiendo el bote, pasó a jugarse en la arena seca dejando a discreción de los participantes las distancias, amplitud del campo, fuerza de los golpes, estilos, etc..