EL VAQUERO


EL VAQUERO:

Los pueblos situados en el fondo de los valles disponían de terrenos compartidos donde apacentar al ganado. Hacía mediados de mayo y hasta principios de junio suben las vacas hacia los puertos, permaneciendo hasta mediados de septiembre. Con el nombre de aparcerías se denominaba en Cabuérniga al conjunto de vacas de distintos propietarios que eran confiadas al vaqueru que iba acompañado por dos mozos subalternos. Uno, el "sarruján", era un chaval de siete u ocho años que acompañaba en todos sus movimientos a nuestro protagonista y cuyo cometido diario era reunir en el sel todo el ganado al atardecer.
El otro era un adolescente cuya labor era lo concerniente a los cuidados de la cabaña como traer agua y leña, vigilar el fuego, reparar desperfectos y ordeñar por la mañana y al anochecer. Éste era el "becerreru". Siempre eran acompañados de un "perru de cabaña" que normalmente era un mastín.
Estos perros, debido a su tamaño eran buenos protectores del ganado, sobre todo contra los lobos por lo que iban provistos de un collar de púas metálicas llamado carranclas o carrancas, para de protegerse de las mordeduras de éstos. Una destreza que debían dominar los vaqueros consistía en memorizar antes de subir al puerto una a una cada vaca cuando se la "presentaban”.
En este momento le decían  el nombre de cada vaca, el de su propietario y con escuchar el sonido del campano de cada una de ellas, (ningún campano suena igual que otro), debía ser suficiente para saber sin dificultad si le faltaba en cualquier momento una vaca, entre cientos, cuál era y quién era su dueño. Terminado el verano, agotado el pasto y bien alimentadas vacas y becerras todos regresaban a los pueblos.
A su llegada, el vaquero mostraba con orgullo el aspecto del ganado a sus propietarios en un desfile por las calles del pueblo, lo que se conocía por "la pasá".