La noche de San Juan

Se decía “ir de verbena”, a la costumbre que las mozas casaderas tenían en recolectar la planta mágica, llamada verbena, en la noche de San Juan. Había la creencia de poder conseguir, con ella, el amor deseado. Existían numerosos ritos y filtros de amor en torno a dicha planta y de ahí esa expresión.
En la antigua Roma se elevó a la verbena, al rango de planta sagrada. Cualquier pacto que se firmase, debía ser golpeado con una rama de verbena para conferirle la máxima credibilidad.

Útil como tónico reconstituyente en enfermedades del hígado y riñón, para lo cual se usan las hojas y sus flores en decocción (20 grs. / litro de agua).

Contra los dolores reumáticos, se aplica con un paño sobre la zona dolorida.

  En Cantabria aún se conservan las prácticas ancestrales típicas de esta noche mágica: saltar sobre las hogueras, pisar las cenizas aún candentes, danzar a su alrededor, hacer pasar junto a ellas a la "cabaña" (ganado), o llevar el fuego por los campos de cultivo del pueblo para purificar la cosecha. Tradicionalmente, durante el desarrollo de esta fiesta, se aprovechaba para cortejar a las "mozucas" de cada uno de los pueblos, pues existía la costumbre de “enramar”, (colocar ramas de chopo o aliso de bella estampa en la ventana de aquella moza que se quería honrar). Existían disputas entre las jóvenes, de quién de ellas, tenía el ramo más hermoso. En el centro del pueblo se solía colocar un gran ramo o incluso un árbol, al estilo de la celebración de la Fiesta de la Maya.

Es la noche, en la que cuentan las leyendas que aparecen los “Caballucos del Diablo”. Estas leyendas otorgan a estos personajes la facultad de aguar la fiesta a los danzantes y a quienes se reúnen alrededor del fuego. Son tres (o siete según otras versiones) caballos alados, que de manera veloz e imprevisible, se deslizan por los cielos relichando terriblemente y aterrorizando a todo el que se encuentran. Sus "crines de azabache", según Adriano G. Lomas, se dibujan en el aire y se esfuman entre la niebla nocturna.

Estos caballos, lanzan por su boca fuego provocando la destrucción y el caos. Sólo existe una solución para evitar que caigan sobre alguien y le otorguen mal para todo el año: un trébol de cuatro hojas. Esta planta ha de buscarse afanosamente, ya que hay pocas, porque la noche anterior los caballucos han pacido todas las que han encontrado, aunque nunca pueden terminar con ellas. Si consigues el preciado amuleto podrás salir a disfrutar de la fiesta sin ningún temor. Por ello, los mozos buscan con esmero "la verbena" o "yerbuca de San Juan".
    No son pocas las gentes que aún hoy día buscan el rocío de esta madrugada, para pasear descalzos sobre él y lograr salud.

“Si cortas la yerbuca de San Juan
librarás de culebra
y de todo mal"

En Cantabria destacan, entre otras, las fiestas de San Juan en Los Corrales de Buelna y la de San Juan de la Canal. Según se cree, en el exacto momento en que el sol ilumina el amanecer del día 24, las aguas de fuentes y arroyos están dotadas de poderes especiales para curar y brindar protección a la gente.

Muchas son las creencias y peculiaridades que se relacionan con esta mágica noche, estas son algunas:

-  Quien se baña en el rocío que cae esa noche quedará protegido durante todo el año.
-  Meterse desnudo y de espaldas al mar, mirando la luna, permitirá a quien lo haga obrar ciertos prodigios.
-  Los solteros y solteras que al comenzar el 24 se asomen por la ventana de su casa verán pasar al amor de su vida.
-  Si se quema un papel donde se haya escrito aquello que se quiera olvidar, se puede lograr bienestar todo el año.
-  Si una mujer se mira desnuda y de espaldas en un espejo, a medianoche y con la luz de una vela, verá el momento de su muerte.     .
-  Quien madrugue el día 24 no pasará sueño el resto del año.