La Vijanera

Desde antaño, al comenzar el año, se conmemoraba tanto el recuerdo del tiempo que se iba como la bienvenida al tiempo que había de llegar. A esta celebración se la denominaba Vijanera, Viejanera, Vejenera o Vijenera.
Se tiene constancia de esta celebración en poblaciones como Cieza, Anievas, Toranzo, Campoo, Soba, Las Coteras, Santa Ollala, Bostronizo Fraguas y Cabuérniga. En la actualidad sólo los pueblos de Silió, Piasca y Polaciones (zamarrones) siguen divirtiéndose con estos carnavales de invierno, que son comunes en el norte de la península y en Europa.     

Los zamarracos, también llamados "campaneros" o "zorromocus" son los personajes más repetidos. Sus caras están tiznadas de negro, una piel de oveja les protege el cuerpo del que cuelgan de 6 a 10 campanos o zumbas. Saltan y se agitan como "posesos en trance", jorricando los campanos y produciendo un ruido ensordecedor. Un gorro en forma de cucurucho culmina su testa y su labor fundamental es espantar y alejar los malos espíritus, y representar un ritual sobre el paso del tiempo.

Forman un cortejo que inicia un recorrido hasta la "raya" o límite de la aldea próxima, donde les reciben los mozos del vecino pueblo, a los que les preguntan: -¿Qué queréis, guerra o paz...”. Si hay paz se abrazan y bailan juntos, y si hay guerra se lían a puñetazos y pedradas. Tras el rito de la raya, en Silió, vuelven hasta la plaza de la iglesia y los zamarrones, culminan la fiesta con el ritual de la muerte del oso. El animal es dominado por “el húngaro” y escoltado por los zarramacos y el resto de los personajes. Danzan en círculo, asediando y fustigando al animal, tras unos cuantos palos la fiera cae al suelo, momento en el cual los zarramacos ponen sus porras sobre el, simbolizando así la victoria sobre el mal.       

Con este rito no solo se pretendía proteger al ganado, sino que se aseguraba la supervivencia del grupo, alejando los malos espíritus y liberando las almas de los muertos.Tras ello se procede al recitado de distintas coplas irónicas, a los presentes, alusivas a hechos acaecidos durante el año ya pasado. Terminan generalmente con una comida en la que consumen los alimentos que les han ido obsequiando por el recorrido del cortejo.

 

 

La fiesta comienza antes de rayar el alba. Los vijaneros más jóvenes recorren el pueblo, portando uno o dos campanos cada uno. Se encargan así de despertar al pueblo y prepararlo para la jornada festiva. Hacía las siete y media, los zarramacos son los primeros en prepararse.
    La escenificación del “parto preñá”  simboliza la llegada del nuevo año. Es una representación excéntrica con la participación del médico, la enfermera, el marinerito... el marido de la preñá y la preñá. Comienza con la petición de un médico entre los asistentes y con todo comienza el parto y del vientre de la mujer sale un elemento que es lanzado al aire, con la intención de manifestar los buenos augurios y que puede variar según los años. En ocasiones, el elemento en cuestión,  ha sido un gato, un conejo, gallinas, e incluso un cerdo pequeño. La dificultad del parto augura un año fácil o complicado.

"Por bailar la gorilona
madre me dieron un real
baila de lado
del otro costado
baila pa'lante/baila pa'trás
bailala,bailala...."

La Gorilona y el húngaro, los Danzarines blancos, el Danzarín negro, la Pepa, la Madama con su mancebo y el Marquesito, la Preña y su marido, los Viejos, los Guapos, los Trapajeros, los Trapajones cubiertos de hojas de mazorcas secas de panojas o panizos, de paja, musgo, hiedra, helechas, pino, cortezas de roble, cáscaras de nuez o erizos de las castañas. Además del zorroloco o el caballero son los singulares protagonistas de este evento, que mantiene en sus ropas y en sus representaciones los ritos ancestrales de este carnaval de montaña.
    Hasta 1939, las Vijaneras que no se habían dejado de celebrar en Cantabria, terminaron por prohibirse oficialmente por el régimen y por la iglesia, puesto que como el resto de los carnavales eran consideradas fiestas paganas. A finales de 1970, un grupo de jóvenes de Silió decidió recuperar aquella tradición. Basándose en fotografías y en los relatos de sus abuelos, fue en 1980  cuando se volvió a escenificar la vijanera “moderna”.